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Relato de RGiskard

Se aproximó al hombre con una lujuria contenida desde hacía tiempo. Era su primera vez y él se encontraba como había solicitado: atado y sin posibilidad de usar las manos, para que fuese ella la que pudiese tener el control en todo momento.

Pintura de Guillermo Lorca

Comenzó lamiendo su cuerpo, observando como él cerraba los ojos mientras su lengua le recorría despacio y la saliva iba dejando un reguero a medida que se aproximaba a la entrepierna del macho, que ya se encontraba caliente fruto del trabajo que sus extremidades realizaban al mismo tiempo.

Sintió un brote de satisfacción y orgullo, cuando él no pudo evitar emitir un gemido al sentir el miembro atrapado por su boca. Sabía que lo estaba haciendo bien, pese a que le habían dicho que la primera vez era difícil conseguirlo.

Guillermo Lorca

Comenzó una serie de movimientos envolventes con la lengua y los labios, destinados a incrementar el priapismo de su presa, al tiempo que, tal y como le habían explicado, jugueteaba con el ano del muchacho provocando en este una erección más firme e intensa.

Por fin, cuando se dio cuenta de que le faltaba poco para perder el control, se montó sobre él. De un certero golpe introdujo la polla en su interior y la aprisionó entre sus paredes, comenzando una danza circular que llenó la estancia de placer y vicio.

Él la miraba asombrado, y una lágrima comenzó a rodar por su mejilla, haciendo de contrapunto a los jadeos que emitía. Con la lengua lamió la gota antes de que resbalase fuera de la piel. El sabor salado la excitó aún más.

Susurró palabras de calma y placer, mientras comenzaba a rodear su cuello. Era un truco que no todas conocían, pero que como alumna aventajada había aprendido. La falta de oxígeno provocaría un aumento de la erección y, esperaba, una mayor descarga.

Sintió la pre eyaculación calentando su interior, y se movió con más intensidad pero menos control. Estaba cerca del momento y quería disfrutar por completo de las sensaciones de esa verga pétrea, poseyéndola de una manera que nunca hubiese imaginado; del vigor de la potencia viril; y de esa excitación que produce el sentirse completamente invadida.

Guillermo Lorca

Apretó más el cuello, centrándose en su nuca y buscando el cerebelo. La ausencia de aire en los pulmones hizo que su amante la penetrase con más intensidad y violencia. Sus caderas la golpeaban sin control y sentía sus testículos, repletos del preciado líquido, chocando contra ella.

Por fin el momento llegó. La eyaculación se desbordó y la lleno por completo. Había escogido bien para ser su primera vez. Aquel era un macho joven y su potencia había justificado la elección.

Observó su agitada respiración que se intercalaba sin parar con numerosas toses, y sin darle tiempo a reaccionar arrancó su cabeza y la devoró. Le habían dicho que el cerebro del ser humano era delicioso y pudo comprobar la certeza de la afirmación.

Pintura de Guillermo Lorca

Mientras volvía a la colmena no echó la vista atrás. Las proteínas del semen del hombre alimentarían los miles de huevos que criaba en su interior y que permitirían la conquista del resto del planeta en un breve espacio de tiempo.

A fin de cuentas ¿Para qué se conquista otro planeta si no es para aprovecharse de la materia prima que en él se haya?

 

 

 

 

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